21.2.09

Demasiadas coincidencias, como para no creer, parte tres.

Por la mañana, todavía no podía creer que había conversado con ella, con Camila. Era casi como conocer a tu estrella de rock favorita, bueno si es que te quisieras casar y regalar una jauría de perros labradores a esa estrella de rock. Es que era tan simple, tan bonita y esos ojos verdes, ¡por Dios! ¿Cómo ser ateo si ante mi tenía a un ángel? Es imposible. "¿Y? ¿Qué pasó ayer con Camila?" Me pregunto Claudio, ansioso por una respuesta. "¿Te la agarraste?" "¿Qué crees tú?", le pregunté. "Bueno, no, pero ¿La conociste? ¿Quedaron en algo?" Le dije que no, porque no quería armar mayor alboroto por haber quedado de juntarme con ella, para ir al persa Bío Bío a comprar música.
Nos juntamos un Sábado por la mañana. Me acordaba de la única vez que había ido al persa, con mi hermano, pero ya de eso habían pasado años. Camila iba seguido, el último vinilo que había comprado era del disco "De stijl", de "The White Stripes". Le pude conversar de como "Meg White", baterista del grupo, se había convertido en mi primer "amor" (es ridículo decir cosas así a la persona que te gusta, pero cuando me dan confianza, soy un idiota).



Que siempre me gustaros los "Stripes" y que ir a su concierto en Santiago fue increíble, a pesar de los 39° de fiebre y la faringoamigdalitis. Como esto es mi vida, claramente ella también había ido a ese concierto. "Viste como Jack siguió tocando cuando se le rompieron 2 cuerdas", le dije con una sonrisa en la cara (¿Dónde más?). Ella me confirmó con la cabeza, un tanto sonrojada.
La verdad me sentía en una encrucijada. Yo nunca había tenido reales amistades femeninas, es decir, una que otra mujer que me hablaba por msn y que luego quería juntarse conmigo porque le parecía maravilloso (curiosa la vida que después de juntarse, no quisieran repetirlo). Pero una amiga "ven a acompañarme que me siento mal", nunca había tenido. Y conocer a Camila, que me gustaba, de las dos formas, era como un parto (aclarando, claro está, que esto era mucho más difícil que un simple parto). No quería ser su amigo, pero a la vez no quería perder su amistad, extraño.
Pero ¿Cómo salia de la zona de amigos? Primero, ¿Qué es la zona de amigos? Se los explicaré, en unas cuantas líneas. Las mujeres, cuando conocen a un hombre, saben de inmediato, si van a querer una relación física con ese hombre, tan rápido como la velocidad de la luz "Hola, me llamo Flo...¿Por qué me estás oliendo?" y quizás, casi tan rápido quien va a ser sólo un conocido. Pero cuando eres semi interesante y no una mierda de persona, te conviertes en un amigo. Para ellas, te has feminizado, has perdido toda tu diferenciación sexual hacia un hombre, su órgano vómero-nasal no se activa contigo y simplemente, por tener unos cuantos sentimientos bondadosos, pasas a ser su "mejor amigo" (no sé porque me lo han dicho tantas veces y todavía no tengo un premio honorario, creo que me lo merezco). En fin, el punto es que para ellas no eres un hombre, eres su "amigui", al que ella le cuenta de todo, secretos íntimos, al que le da abrazos sin esperar respuestas hormonales de tu parte y que bueno, pasas a ser un parámetro de hombre para ella, sólo que más atractivo, en todo sentido. Porque hay que decirlo, por muy buena persona que se sea, si se tuviese un auto del año y un cuerpo trabajado, jamás serían amigos, pero en fin. Esa es la zona de amigos y yo no quería estar en ella con Camila, porque aunque me gustaba su forma de ser, nunca había conocido a nadie como ella, sólo la conocía hace una semana y como mi experiencia me lo había dicho, las amistades entre géneros, son desechables, tenía que transformar esta relación en algo retornable, en algo trascendente.
¿En qué piensas Floripondio?" "Eee, en nada, nada..." "¿Te puedo comentar algo?" "Dime Camila" "Me agradas mucho" En eso sonó su celular "Aló hola, si sip, bien y ¿tú? Estoy con un amigo en el Persa, como no me quisiste acompañar. No, no lo conoces, es de la Pastoral. Bueno, sí sí, nos vemos en la tarde. Chao, que estés bien. Yo también te quiero" "Mm, ¿Tu madre está preocupada por ti Camila?", (aunque la triste respuesta, ya me la imaginaba). "No, no, era Jorge, mi pololo"



Si les digo que realmente escuche un sonido de corazón quebrándose, no estoy exagerando (en realidad, estábamos al lado de una carnicería y el sonido era de huesos de pollo). "El enemigo", dije refunfuñando. "¿Dijiste algo Floripondio?" "No, nada, sigamos viendo música", la tomé de la mano y pensé "Que comience la batalla".