12.7.06

Soliloquio

Aburrimiento/soledad me pongo a pensar, en realidad no. ¿Pienso? En algo mejor, tal vez en un mundo/territorio/país/ciudad o tiempo en que yo pueda ser pleno. ¿Pleno? ¿No seré muy joven para pensar en ello? Aunque si fuese por eso, serían pocas las cosas que uno podría ser por edad, adulto o no. O tal vez pienso en ti/mujer/amor/desilusión/lágrimas/llorar/compañía/tristeza, pero tú, ¿Piensas en mí? Tal vez piensas en otros, en él/ellos/en mí. Y si piensas en mí, ¿debería arriesgarme? De nuevo/otra vez/nuevamente/dolor/llanto/corazón quebrado/no era quien pensaba. Debería arriesgarme, tener valentía/valor/hidalguía, de la que tanto hablo. Pero no me nace y mientras tanto, ella vuelve. ¿Quién? Ella. Preguntando por mí/por él que era el año pasado, para ser más preciso. ¿Entonces quien soy ahora? ¿Rabia? Puede ser, no lo sé. ¿Todavía la quieres? ¿A quien? A ella. La verdad es que le tengo mucho cariño, la quiero como “amiga”. ¿Qué es eso? ¿Existe? No lo sé, me lo han dicho mucho, terminé por convencerme.

¿Estás aproblemado? No, sólo afiebrado y un poco hastiado. ¿De que? Del doble estándar/hipocresía/de la forma en que se vive. Es que llega a todas partes, incluso a lo que más me importa. ¿Vivir? No, enamorarme. ¿Más que vivir? Que sería vivir sin enamorarse, nada. Por lo tanto la respuesta es sí, más que vivir. Entonces deberías aventurarte ¿En que?, más bien, ¿Para qué? No sé, puede que te enamores, que seas feliz, que seas ¿Pleno? Puede que ella piense igual que tú, ¿lo has pensado? Sí, muchas veces antes de dormirme y darme cuenta después que en realidad no he dormido y ya es hora de ir a trabajar. Pero jamás podré llegar a entender como piensa, al igual que nadie podrá hacerlo conmigo. ¿Piensas? Sí, a veces. ¿Qué quieres hacer? No sé, la verdad es que tal vez es la fiebre hablando. Si no, no estaría hablando contigo o solo, la verdad es que puedo estar bastante orate/chiflado/maniático/loco/ ¿Enamorado? Ojalá que sí, ojalá que no.

10.7.06

Matrimonio

Nunca pensé que llegaría este día. Es que después de 15 rechazos en mi adolescencia y vida adulta hasta los 30 (sí, conté los rechazos) no creí que alguna vez diría acepto. Sobre todo a la mujer que perseguí durante todo ese tiempo de rechazos (muchos fueron suyos). De hecho esto me ha hecho cuestionarme si verdaderamente me quiere, es decir la gente cambia, pero yo sigo siendo el mismo, no sólo en fealdad, sino que en el ego gigante y humor negro. ¿Por qué ahora dijo que sí? Tengo una billetera más grande, es cierto, pero si fuese por eso, hay mucha gente con más plata y con mejor pinta que yo. Sobre todo con mejor carácter. Entonces ¿Por qué lo hizo? ¿Acaso ella ahora me “ama? ¿Y por qué antes no? Insisto en que yo no he cambiado y en el fondo ella tampoco. Sigue siendo la misma persona de la que me encariñe perdidamente durante estos 20 años de intentos, 20 años de sufrimientos por el fracaso. Y ella tiene plata, entonces aunque non confiara en sus motivos, confiaría en si inteligencia. Por lo tanto me quiere, al menos eso creo.

La iglesia es linda, primero nos casaremos por la iglesia porque su familia es muy religiosa. Nunca me cayó muy bien su padre, sobre todo desde que lo vi con otra mujer en el Parque Arauco. Su mamá era bastante cálida, sobre todo con el muchacho que les limpiaba la piscina. Eso era algo que todos sabían y que a nadie le importaba. Ni siquiera a la esposa del muchacho que limpiaba las piscinas, mientras le pagaran por acostarse con la señora. Mis padres estaban contentos porque me casaba, sobre todo porque la gente iba a dejar de hablar y especular del porqué de la soltería de su hijo de 40 años.

Llego el día y como todo novio (me imagino), estaba nervioso. Ni siquiera quise llamarla, me daba miedo que se arrepintiera. Esto de la superstición es algo muy tonto, pero ya es una tontera adquirida. Me pongo mis pantalones, previamente arreglados para meterse en los ahora 35 kilos de sobrepeso y luego me voy (claro me pongo el resto de las prendas, pero para resumir no las pongo todas). En el auto nuevamente me pregunto porque se estará casando conmigo. No es por baja autoestima, es por lógica. Si fuese una ultra súper modelo a la que me hubiese declarado una vez y me hubiese dicho que sí, no estaría comentando estas cosas. Pero es ella, la que me rechazo no menos de 2 veces por año, durante 20 años. Es cierto, podría preguntarle, pero dudaría de mis ganas de casarme con ella. Un amigo una vez me dijo “¿La quieres? ¿La amas? Entonces que importa si es recíproco”. Me encantaría ser así de cínico, pero no puedo. Nunca he podido. Soy enfermizamente concienzudo.
Llego a la iglesia, saludo a mis padres como si fuese la última vez. A mis suegros los saludo a lo lejos, ellos ni se inmutan de la rotería. Empieza la ceremonia, se escucha la típica canción de estas ceremonias “ta tan ta tan, ta tan ta tan, ta tan ta tan tan ta tan tan ta tan”. Para variar ella no ha llegado y comienzo a pensar si todas mis dudas fueron ciertas. Pero llega, con su vestido blanco, gloriosa, radiante, elegante, hermosa. Con una sonrisa en su cara, como diciendo “Sé que pensabas que no vendría idiota y pensé en no hacerlo. Pero no quería que tuvieses la razón” (recuerden la música de fondo, ta tan ta tan…).
“Estamos aquí reunidos, para unir en Santo Matrimonio, a Salado con…¿aceptas tú?…a Salado, hasta que la muerte los separe…sí, acepto (¿conforme?, por fin te acepté). Salado, ¿Aceptas tú a…hasta que la muerte los sep…(se escucha un estruendo, la iglesia retumba).
Pensar que si la gente no hubiese quedado estupefacta por lo que recién había hecho, tal vez hubiese sobrevivido. Así hubiese disfrutado del verdadero amor que ella sentía por mí, pero me dejé llevar por mis inseguridades, las que nunca me permitieron ser feliz.