23.9.08

PuroChile Man, inicios.


No sé cuando empezó. Mi vida no era la gran cosa, pero la verdad tampoco era aburrida. No era una vida típica, pero si bastante standard. ¿Se entiende? Bueno, quisiera comenzar esta historia diciendo que como todas, se trata de una chica, pero no. Es decir, si, pero al menos no desde el comienzo. Aquí va, mi verdad:
Era una tarde tranquila, normal, día despejado. Yo era el escritor oficial de anuario de mi colegio y tenía que hacer las bibliografías y/o perfiles de mis compañeros, incluso a los que me golpeaban en los pasillos. Ese día en particular fuimos a visitar a las primeras fondas en inaugurarse, debe haber sido un 13 o 14 de Septiembre, año indefinido. No había público, eramos nosotros como curso, que por motivo de nada, teniamos la exclusividad de disfrutar de una fonda vacía. No podiamos bailar, eramos puros hombres, no había música, pero al menos nos estaban haciendo choripanes, los cuales nos iban a ser vendidos, pero en fin, había. Me pareció curioso que la fonda quedara al lado de una planta de energía nuclear. Por mis conocimientos científicos y mi condición de humano, pensé que no era del todo salubre. Pero si las leyes habían aprobado el lugar, tenía que estar todo ok. ¿Tenía cierto? Bueno, otra historia para eso. El punto es que a la hora de almuerzo pasé a sentarme junto al capitan del equipo de futbol del colegio, el tipo que más me había molestado en mi vida, para hacerle su estúpido perfil. Yo hubiese usado como frase típica "Soy un imbécil" y como regalo util " Miles de neuronas", pero tal vez eso hubiese incrementado las palizas, que para ese punto, ya eran abundantes. Le hice un par de preguntas, para solo recibir burlas, claramente. Me le enfrenté, ya que me tenia harto, pero como decía la lógica, tomó mi pluma y papel, los tiró lejos y me golpeó en la mejilla. Dios dice que ponga la otra, por lo que me dejó bastante golpeado. Machucado, pero no humillado, fui en búsqueda de mi gracía, el lapiz y el papel. Botado, al lado de mis tesoros (regalos del mismísimo Fernando Villegas, a propósito), había un choripan, el que parecía suculento. Yo sé que, en teoría, no debería comer nada del suelo, pero ya que la plata no abundaba en mi casa y que no estaba dispuesto a pagar por comida, para el paseo de curso para el que también pagué, lo recogí y me lo comí con gusto. Sí encontré sospechoso que alrededor del pan, hubiese una sustancia verdosa brillante y que el pan también estuviese recubierto de este material. Pensé que era algún tipo de salsa verde, que aunque picante, decían que era rica. Esta salsa no tenía sabor, era un tato rara eso si, pero quien y que no, en estos días. Me lo comí con ahínco, debo decir. Seguí haciendo los perfiles de gente un tanto más simpática, pero a medida que pasaba la tarde me sentía un tanto extraño. Podía ser causa de la araña que me había mordido luego de comerme el choripan, pero parecía inofensiva. Pedí irme antes del paseo a mi casa. Yo vivía con mis tios, por algunos meses, mis padres estaban de vacaciones en el extranjero, en Perú. Mi tío Benjamín abrió la puerta, mi tia Luisa estaba cocinando en la cocina. Me preguntaron como había estado mi día, sabiendo de las palizas que recibía en el colegio, les contesté que bien, pero pasé rapidamente a mi pieza porque me sentía muy mal, con nauseas y arcadas. Ni contar lo que sentía en mi estómago. Me saqué la ropa y noté en el espejo que oportunamente tenía en mi pieza, que estaba caquéxico, raquítico, un tanto amarillo, pálido de cara y con los ojos rojos. Mi abdomen estaba un tanto verde y parecía que no tuviese músculos. Me acosté de inmediato, antes de que comenzara la fiebre, de seguro era un virus estomacal.
Desperté renovado, me sentía muy vital más que nunca, nadie hubiese sospechado que estuve enfermo o tan enfermo como lo estaba. Me bañé, me sentía relajado, contento, esperando terminar los perfiles de mis compañeros y bueno, de ver a K.D., mi vecina y amor platónico de toda la vida. Todavía me acuerdo cuando le pregunté a mi tia Luisa si es que ella era un ángel, cuando la vi vestida de minifalda para salir a un carrete una semana antes de estar enfermo. ¡Que recuerdos! Salí de la ducha, corrí, más bien salté, diciendo "Tiki tiki ti", algo raro ya que no era muy de celebrar el 18 y curiosamente, nuevamente estaba el espejo ante mí. Me ví el abdomen, tonificado como nunca, mis brazos marcados, mis pectorales, lo que nunca habían conseguido las múltiples historietas que había leido durante mi vida. Bajé con mi tradicional camisa de leñador, saltando la escalera de 4 peldaños y llegué a sentarme. La verdad es que corrí hacia la mesa, tomé una cajita de jugos y media tostada y salí corriendo en busqueda del Tran Santiago, ya que iba atrasado, 7 con 45 minutos de la mañana. Adios tio Ben, adios LL (así le decía a tía Luisa, ya que su apellido es Lira). Corrí hacia el paradero y la micro recién había pasado, corrí en búsqueda de ella y el el rojo la micro estuvo a mi alcance. No cabía por delante, así que me abrió por detrás. Lo que no noté es que al tratar de subir, el micrero quería acelerar, para que yo me cayera, así que cuando lo hizo atiné a caer, pero como nunca me zafé haciendo una mortal hacía atrás y gritando "Viva Chile". Ahora, fue doblemente extraño, insisto en lo poco patriota que era. Me vi las manos y vi una especie de plastico saliendo. Era algo así como rojo, azul y blanco. Cada vez fue saliendo más y más hasta fijarme que eran de esas banderas infinitas chilenas de plástico, que sirven como adorno. Y a ese punto comprenderán que no estaba tranquilo, pero pensé que todo era un sueño. Había oido que estás banderas tenía más fuerza de tensión que los cables electricos, por lo que decidí jugar un rato. Me subí a la corniza del edificio más alto que encontré, de 4 pisos y decidí experimentar si de alguna forma podía arrojar las banderas plásticas. Ya en la corniza de este rasca cielos chileno, comenzé a probar. Probe empuñando, extendiendo, girando, haciendo con fuerza hacia delante, golpeándome la mejilla, gritando "Aaa tangana" y nada. La frustración era tan grande, por lo que golpee el suelo como si estuviese bailando cueca, silbando al mismo tiempo, lo que provocó que de mi muñeca salieran metros y metros de plastico patriota, llegando a la otra corniza aledaña. Mi impresión fue mayor, pero puesto que era un sueño, me balancee de edificio en edificio. No fue una idea inteligente balancearse donde te espera una superficie aplanada y no cóncava, pero el golpe contra el otro edificio no dolió tanto como pensaba.
Se había hecho bastante tarde, por lo que me fui directamente a casa. Mis tios ya dormían y me dejaron un papel en la cocina "W% de %$#%!) ¿Por qué faltaste al colegio?" Fue algo especial de leer, pero me fui a mi pieza, agitadísimo. No lo podía creer ¿Qué había pasado ese dia en el paseo de curso para tener estas super habilidades? ¿Por qué yo? ¿Por qué en Septiembre? No lo sabía, pero mi vida iba a cambiar en 180° desde ese día. Pero siempre se iba a tratar de una chica.