11.12.08

La cualidad única.


Hoy día me acordé de las películas de Disney de antaño, no las actuales estilo Hanna Montanna o High School musical (obvio que sé que son de Disney tras una larga investigación). De los valores y los sueños que tenian las chicas, algo equivalentes a los que tiene una niña de 4 a 5 años actualmente, antes que le empiece a gustar el regetton. Sé que no puedo salir con niñas de 4 años, tampoco pienso tener valores de niña de 5 años, pero similares (tal vez mi virilidad no está quedando bien parada). Pero las metáforas de las películas, por ejemplo del zapato en Cenicienta, la del beso que despertaba a bella durmiente, del único príncipe que rescataba a Rapunzel. De ahí lo de príncipe azul. ¿Saben lo raro que debe haber sido encontrar a alguien con piel azul y no del tamaño de un pitufo? Algo único, esa era la idea y las princesas respetaban esa cualidad, única. Y la esperaban, la soñaban y no se conformaban, con este porcentaje cercano a la perfección, buscaban el 100 (insisto con esto). Claro está que personajes masculinos como aquellos, prácticamente no existen y si existen, lo más probable es que no son precisamente principescos de aspecto, más de ideas y aunque la idea no es ser superficial, es mal visto, la sociedad es superflua y eso siempre va a ser así. Se pueden tener las mejores intenciones, pero sin la "pinta", sólo se aspira a ser el mejor amigo azul, que lindi.
El punto de todo esto, es que me puse a pensar cual era mi cualidad única, es decir, no la mía, la que busco con locura, casi de perro rabioso (o de tipo con espuma de afeitar, mirándose con cara de perro enojado en el espejo). ¿Ojos verdes? Bueno si, pero es más como una obsesión psiquiátrica. ¿Honestidad y consecuencia de obra y palabra? Sí, pero eso es más utópico, más niña de 5 años. ¿De buena familia? Bueno si, siempre he querido que mis hijos lleven el apellido Echeserrieta 3° o Von Salado de la Huerta, pero no es lo que busco. Lo que busco, con locura, lo que nunca me han provocado, al menos no de la manera correcta, la risa, que me hagan reír. Es decir, no se trata que nunca me haya reído cercano a una fémina y mi cara haya sido sepulcral mientras todos ríen, mujeres incluidas, levantando mis fosas nasales en señal de seriedad y mi ceño fruncido en señal de desprecio. No, nada por el estilo, me he reído mucho con ellas, de ellas, de sus "pololos", de sus problemas. Pero nunca ninguna, me ha hecho reír, así como yo las he hecho reír, ahogándose, atragantándose con bebida, a punto de morir, necesitando oxígeno. Y esa, para mi, es una cualidad única. No sé si espero que algún día mi madre me compre una torre en un bosque, y yo, con el pelo rubio y trenzas estilo rapunzel, espere a la muchacha que suba en mi rescate y me haga reír, tal vez eso es poco probable (insisto que todavía conservo mi virilidad, son sólo analogías). Pero no sé si esto es más utópico que la consecuencia en las mujeres, esperemos que sea una muy deshonesta e inconsecuente payasa.