22.5.08

Doc 1

Uno cuando ya tiene cierta edad saca la conclusión sobre lo que hace bien y lo que hace mal. Yo no me dedicaría, pero ni cantando, a la ingeniería ni a la ayuda social ni a la jardinería o cualquier cosa que tenga que ver con habilidades manuales. Si lo hiciera en 20 años más en Santiago se verían los edificios más horripilantes del país. Uno se decide por lo que hace bien, yo siempre supe eso. A mí me gusta estudiar, me gusta hacer deporte y me siento mal cuando trato mal a la gente. No es que me guste tratarlos bien, pero me hace mal. Entonces como que mágicamente, luego de hacer un quiz sobre que carrera encajaba mas con mi personalidad y mis habilidades, comencé a estudiar en lo que sigo actualmente. Pero también hay otras cosas que yo pensaba que podría hacer bien, viendo los defectos de otras personas en el tema. Siempre pensé que sería un gran pololo, precisamente porque, aparte de las cosas anteriores, soy preocupado de los demás y muy romántico (sé que todas las características vienen de muy cerca, pero lamentablemente tendrán que creerme. Podría ser una basura, pero nunca lo sabrán). Aparte que siempre quise tener ese título “pololo” de alguien. Y siempre, desde chicos, te dicen que si le pones deseo a las cosas, te saldrán bien. Y esto lo deseaba mucho. Y así, por vez primera, fui un “pololo” (en realidad seria un mejor nombre archiduque de Latadia con Manquehue, pero en fin. Sería difícil pedirle a alguien si quisiera que yo fuese su archiduque, entonces mejor omito). Y pensé que lo estaba haciendo bien, no recibía muchas quejas, recibía sonrisas y besos a cambio, carcajadas y mejillas más rojas de lo normal de retorno. Todo iba muy bien. Tal y como lo había pensado cuando soñaba con ser el pololo de Roy Gil more (sí, veía Gilmore Girls, pero haciendo mil abdominales con pirañas sobre mi recto abdominal). Pero así, como todo sube, todo cae y comencé a recibir quejas, quejas por mi comportamiento basal, el que tan bien había forjado durante años, con los mejores tutores de carácter. No importó, cambié, en pro de un bien común, mi relación. En este punto es que me concentro, porque en realidad a esta altura ya no sé si estaba enamorado de una mujer o si estaba enamorado de mi relación. Son cosas distintas, es como si hubiese estado encantado con estar pololeando y que saliera todo tan bien, tan “feliz”. Pero a la vez no, porque eso hubiese significado que los momentos de estar sin ella no hubiesen importado, igual hubiese conservado mi título, “archiduque de Berena”, eso es un buen título. Y lo mejor de todo, sin trabajo. Como la realeza inglesa, pero sin ser pelirrojo. Pero si me significaba un problema, un problema tal que lo solucionaría, incluso si tuviese que irme cabalgando lagartijas a Tierra del Fuego. Ahora miro atrás y la verdad es que no sé distinguir, tal vez es una mezcla de las dos cosas. Tal vez la primera es la que me duele y la segunda la que no me deja olvidar, quien sabe.
¿Pero se imaginan si Uds. estudian para una prueba mes y medio, se saben todo, les entregan la prueba, todo para Uds. es fácil, contestar de la mejor manera posible, comentas tus respuestas al salir la prueba, todo te idolatran por la perfección de la respuesta de tu prueba e igual te reprueban? ¿Cómo se sentirían? No creo que muy bien y no creo que no pensaran que es personal. Está bien, sin mala intención, pero ¿Qué más da? El Daño ya está hecho y eso es todo lo que importa. A lo menos es por eso que me deshidrato a través de mis ojos todas las mañanas.