Inspirado en una frase que surgió el día de hoy "Hasta mi moco tiene una historia detrás", les presento, la historia del moco. Todo empezó cuando era sólo Mucina. Santiago era y es una ciudad muy contaminada, por lo que los cilios protectores contra alérgenos y sustancias externas estaban en nivel de alerta máxima. La Mucina, sola en su glándula, aguardaba, para cuando el llamado de la batalla, tocara su puerta. Y pasó, el H20, fue el mensajero y le dijo: "Querida Mucina, es hora. Vamos a patear trasero de plomo" Y se unieron, la Mucina más el H20 e hicieron el siguiente pacto para su ejército "Si no eres parte de la solución, eres parte de precipitado" Y así, formaron la mejor solución que mi nariz había encontrado contra la contaminación, el moco. Pero el moco en sus inicios era débil, blando, aguado y de aspecto palidezco. Pero aun así, fue atrapando contaminantes y alérgenos, contaminantes y alérgenos y así, el moco creció, creció, cambio de aspecto y color y paso a ser una roca, que en ese momento, pasaba a molestar en mi nariz. El dedo, amigo de tantas batallas, procedió a forzar la fosa nasal con fuerza, sin permisos y rescato al moco. Lo saco y lo dejo en libertad, lejos de ese monstruo llamado boca. Lo lazó lejos, casi como ayudándolo a buscar un nuevo paraíso.